Atlántico contra Mediterráneo.
Lisboa es atlántica: luz blanca reflejada, brisa oceánica, mar frío y bravo allá fuera en Cascais. Barcelona es mediterránea: luz dorada, calor más húmedo, mar templado y en calma dentro de la ciudad. La diferencia no es solo meteorológica — es de carácter. Lisboa tiene melancolía luminosa; Barcelona tiene energía solar. Una invita a la contemplación; la otra, a la fiesta.



