Espontánea contra ordenada.
Seúl es caótica en el mejor sentido — cálida, ruidosa, informal, con la energía de una ciudad joven que se reinventa cada semana. Tokio es lo opuesto: silenciosa a pesar de sus 37 millones, obsesivamente organizada, limpia y puntual al minuto. En Seúl la vida desborda a la calle; en Tokio es contenida, pulida y exacta. Una te abraza; la otra te deja sin palabras.



