En el centro de Cracovia está la Rynek Główny — la mayor plaza medieval de Europa, trazada en 1257 bajo la Ley de Magdeburgo tras la destrucción mongol de 1241. Exactamente 200 metros por lado, 4 hectáreas de piedra, y en el medio un único edificio: el Sukiennice (Lonja de los Paños), casa de los comerciantes de telas desde el siglo XIV — hoy galería de arte polaco arriba y puestos de ámbar abajo. Cada hora en punto, desde lo alto de la Basílica de Santa María, un trompetista toca el hejnał mariacki — melodía que se corta abruptamente a la mitad, en homenaje al trompetista del siglo XIII al que un arquero mongol disparó en la garganta mientras tocaba la alarma.
Subiendo la Royal Road durante diez minutos se llega al Wawel — colina caliza de 228 metros sobre el Vístula, sede real de Polonia de 1038 a 1596 y lugar de coronación y entierro de casi todos los reyes polacos. El Castillo de Wawel mezcla románico del siglo XI, gótico tardío Jagellón y Renacimiento italiano introducido por Bartolomeo Berrecci en el siglo XVI — patio con triple arcada que parece transplantado de la Toscana. Al lado, la Catedral de Wawel guarda los sarcófagos de los reyes, la campana Segismundo (1521, 13 toneladas) y la cripta de Mickiewicz, Piłsudski y Kościuszko. Bajo la colina, en la cueva del Wawel, según la leyenda vivía Smok — el dragón vencido por el zapatero Skuba alimentándolo con un cordero relleno de azufre. Aún hay una estatua de bronce que escupe fuego real cada cinco minutos.
Al este del centro está Kazimierz — barrio fundado en 1335 por el rey Casimiro el Grande como ciudad separada, y desde 1495 designado barrio judío de Cracovia por edicto de Juan Olbracht. Durante casi 500 años fue uno de los polos de la diáspora judía europea: siete sinagogas históricas (la Sinagoga Vieja, 1407, es la más antigua preservada de Polonia), el cementerio Remuh con lápidas del siglo XVI, yeshivás, casas jasídicas. En 1941 los nazis forzaron a la comunidad a cruzar el río al Gueto de Podgórze. Desde allí, la mayoría fue deportada a Bełżec y Auschwitz; la fábrica de Oskar Schindler en Lipowa 4 (hoy museo) salvó a 1.200 trabajadores. Spielberg rodó La lista de Schindler aquí en 1993 — la plaza Szeroka, las escaleras del Plac Bohaterów Getta, la Apteka pod Orłem. Hoy Kazimierz es el barrio más bohemio de Cracovia: bares en sinagogas restauradas, klezmer en vivo, food trucks de zapiekanka.
A 70 kilómetros al oeste de Cracovia está lo que debe decirse de frente: Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio del régimen nazi, donde 1,1 millón de personas — 90% judías — fueron asesinadas entre 1940 y 1945. El complejo es hoy Memorial y Museo Estatal, Patrimonio de la UNESCO desde 1979, gratuito (con reserva online obligatoria), y la visita guiada de seis horas es la única forma honesta de atravesar Auschwitz I (el campo principal, con la puerta Arbeit Macht Frei) y Birkenau (con las vías y las ruinas de las cámaras de gas dinamitadas por las SS en enero de 1945). No es turismo. Es deber. Vaya emocionalmente preparado, lleve agua, vístase de manera neutra y no haga selfies. El autobús parte de la estación Lobzów cada 30 minutos, EUR 12 ida y vuelta, 1h30 de viaje.
La mesa polaca en Cracovia es de origen invernal y campesino: pierogi (empanadillas — ruskie de patata y queso, mięsem de carne picada, kapusta i grzyby de chucrut con setas), bigos (cazuela de chucrut, repollo fresco, tres carnes y ciruela pasa cocida durante días), żurek (sopa agria de centeno fermentado servida en pan de centeno), placki ziemniaczane (panqueque de patata frita), kotlet schabowy (la versión polaca del Wiener Schnitzel). Todo regado con vodka — y Cracovia se toma el vodka en serio: Bombay Sapphire es agua al lado de Belvedere, Chopin, Wyborowa, Soplica de pera. Los pubs del Rynek sirven chupitos a 2 EUR, y el bar Wódka en Mikołajska tiene 100 variedades. Cracovia es además la región natal de Karol Wojtyła — el papa Juan Pablo II, nacido en Wadowice (50 km) en 1920, arzobispo de Cracovia 1964-1978.
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